Dejar el teléfono una hora antes de terminar la tarde

Ilustración de un paisaje

Durante la última hora de la tarde, es habitual seguir revisando el teléfono casi sin darse cuenta, pasando de una aplicación a otra sin un motivo concreto. Dejarlo aparte durante esa última hora, sustituyéndolo por un libro que quede siempre a mano, cambia por completo el ritmo de ese momento del día. No hace falta leer mucho, basta con que el teléfono quede fuera de la vista durante ese rato.

Esta costumbre funciona porque sustituye una actividad por otra, en lugar de limitarse a prohibir algo sin ofrecer alternativa. Muchas personas notan que, al principio, sienten la tentación de coger el teléfono, pero con el paso de los días esa sensación disminuye claramente.

Una hora distinta al final de la tarde

Algunas personas dejan el teléfono cargando en otra habitación durante esa hora, mientras que otras simplemente lo colocan boca abajo sobre una mesa lejos del sofá. El libro elegido puede cambiar cada semana, lo importante es que esté siempre disponible en el mismo lugar.

Con el tiempo, esta última hora se convierte en un momento reconocible dentro de la tarde, distinto del resto de las horas pasadas frente a alguna pantalla. Algunas personas la acompañan de una infusión o una bebida caliente, lo que refuerza aún más el carácter de este pequeño ritual.

En una casa compartida, esta costumbre puede practicarse a la vez por varias personas, cada una con su propio libro, lo que convierte el silencio compartido en algo agradable en lugar de incómodo.

En verano esta hora puede pasarse en una terraza con algo de luz natural todavía presente, mientras que en otoño suele acompañarse de una lámpara encendida junto al sillón.